Mi amiga María
Querida Agnes:
Quiero hablarte de la amiga que me descubrió esta página y gracias a la cuál me animé a escribir este blog. Quiero hablarte de ella porque hoy, cuando la he dicho que después de nuestra conversación del otro día me había animado a iniciar este diario, enseguida ha querido localizar la dirección web para así poder leerme. De momento no se la he dicho, ya que saber que alguien conocido pueda acceder a estas reflexiones podría coartar radicalmente mis intenciones de sinceridad absoluta y de desnudar mi alma.
Como prácticamente todas mis amistades, no fue hasta después de empezar mis estudios universitarios cuando la conocí. Mi grupo más íntimo estaba formado por cuatro chicas y yo (tengo más amigas que amigos, y este es un claro ejemplo). A una la perdí la pista al terminar la carrera; sé de ella por las demás, pero hace mucho que no la veo y no respondió a mis últimas llamadas ni correos electrónicos… no sé el por qué y, a día de hoy, si volviésemos a encontrarnos, no sé si la relación sería la que fue. Supongo que debería pedirle explicaciones, pero estoy seguro de que cuando llegue el momento, no me atreveré o no me apetecerá, en un signo de clara indolencia. Otra es bastante introvertida, y poco dada a la reciprocidad, por lo que es muy agotador mantenerte unido a ella (quizás mi forma de ser tampoco ayuda mucho); eso sí, es una gran persona y siempre tendrá mi apoyo y amistad. La tercera es especial para mí, pues estuve casi toda la carrera colado por ella sin atreverme a expresarle mis sentimientos (una leve insinuación una vez me dio idea de que ella no sentina lo mismo por mí, aunque después nunca insistí…). Ahora, viéndola felizmente casada, aunque sin olvidar lo que en su día sentí, sólo la veo como a una amiga, nada más que eso. Y estoy contento de verla a ella en esa situación.
La cuarta es María. Sinceramente, yo no sabía, mientras estudiábamos en la facultad, con quién de las cuatro iba a mantener una relación más estrecha en el futuro, con quién tendría un contacto más continuo, con quién compartiría alegrías y penas de manera más contínua. Pues esa persona es ella, y estoy encantado de considerarla, a día de hoy, la más allegada a mí de todo el grupo. Es una gran persona, dulce, encantadora, siempre dispuesta a escuchar y ayudar. Alguien que siempre está ahí cuando se la necesita. Y como tal, yo intento corresponderla con lo mejor que puedo darle, todo mi apoyo y cariño, mi amistad más sincera e incondicional, porque es una gran amiga a quien quiero mucho. Si llegase a leer estas líneas, no creo que se sorprendiera demasiado, pues sabe lo mucho que significa para mí; si por el contrario se sorprendiera significaría que (como no pocas veces me sucede) me cuesta mucho expresar lo que siento... quizás mitigar eso es una de las razones por las que empecé a escribir aquí.
Como colofón, quiero dedicarle esta canción, pues representa bastante bien lo que siento por ella, una gran amistad que estoy seguro de que perdurará siempre, por muy lejos que pudieran divergir nuestros caminos en la vida. Desde el primer día que la oí, entendí que está pensada para una persona amada. Pero escuchándola detenidamente, y ya que el amor es un sentimiento que incluye entre otros a los buenos amigos, su letra encaja a la perfección con todas esas cosas que se le pueden decir a alguien como María, una AMIGA con mayúsculas.
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Por ti (Ella Baila Sola)
Yo te quiero regalar palabras,
ser tu red para cuando caigas,
cogerte de la mano al andar.
Y decirte cosas al oído,
ser tu manta cuando tengas frío,
y ser tu hombro para llorar.
Por ti mi vida empeño,
por un momento de verte sonreír,
por ti mi alma vendo,
a cambio del tiempo que necesites para ser feliz.
Dejo todo por un beso tuyo,
quiero ser tu espada y tu escudo,
decirte que te quiero una vez más.
Quiero ser tus alas y tu cielo,
quiero ser el mar y tu velero,
el suelo y tus pies para caminar.
Por ti mi vida empeño,
por un momento de verte sonreír,
por ti mi alma vendo,
a cambio del tiempo que necesites para ser feliz.
Por ti mi vida empeño...
Por ti mi vida empeño,
por un momento de verte sonreír,
por ti mi alma vendo,
a cambio del tiempo que necesites para ser feliz.
