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La Coctelera

Querida Agnes

Reflexiones personales y transferibles

23 Agosto 2006

Aquel fatídico 23 de Agosto

Querida Agnes:

Hoy hace catorce años que murió mi amigo Raúl. Estábamos juntos en clase desde los cuatro años, pero a los diecisiete su vida terminó de forma anticipada e injusta; siempre es injusta una muerte a tan temprana edad.

Íbamos juntos al colegio desde preescolar. Siempre fue un niño muy activo y extrovertido, cualidades que a mí me faltaban en aquella época. Quizás por eso nos llevamos bien desde el principio: ya sabes que los polos opuestos se atraen. Era uno de los pocos compañeros por los que valía la pena ir a clase cada mañana, pues la inmensa mayoría eran totalmente prescindibles en mi vida (y lo siguen siendo; de hecho sólo mantengo contacto con uno, con Miguel, de quien ya te hablaré). Me ayudaba con las asignaturas que para mí eran más difíciles (matemáticas, física y dibujo), pues casualmente eran sus favoritas. Incluso, más de una vez repitió su dibujo para darme a mí el que acababa de hacer, al ver que yo era incapaz de hacer algo mínimamente decente…

Otras cualidades que tenían eran su gran humildad y que era un gran atleta. Y aquí venían sus problemas que, como intuí después de su muerte, y gracias a mis estudios de medicina, pudieron ser los causantes de la misma. A veces, en las clases de gimnasia del colegio sufría desmayos que yo achacaba a hipoglucemias transitorias. El día que falleció, Raúl se encontraba en la playa. Según me contaron, murió al salir de darse un baño en el mar, por lo que pudo ser debido a un brusco cambio de temperatura en su cuerpo, un “corte de digestión”, un síncope en definitiva. Nunca supe la causa real de su muerte, aunque he llegado a la conclusión de que quizás pudiera tener una enfermedad cardiaca no diagnosticada, probablemente congénita. Sea como fuere, el hecho cierto es que él ya no está entre nosotros.

Ese día, yo había ido a pasarlo a Comillas con mis padres. Mi hermana había salido por ahí con sus amigas. Cuando volvimos, tarde, sobre las once de la noche o así, ella estaba esperando despierta para darme la noticia. “Raúl ha muerto”, o algo parecido dijo, yendo directamente al grano. Recuerdo que pregunté “¿qué Raúl?”, ya que tenía otro compañero de clase con ese nombre Pero sabía que era él, ya que era con quien más roce tenía. No recuerdo si lloré en ese momento, creo que entré en ese estado de “shock” habitual en estos casos… Esa noche dormí fatal, preguntándome “¿por qué?”. Lo peor vino al mes siguiente cuando empezó el nuevo curso. Ese año, de todas maneras, ya no hubiéramos sido compañeros de aula, ya que cada uno habíamos elegido ramas de estudio diferentes.

Sólo volví a visitar su tumba en los dos primeros aniversarios. Es increíble la dejadez en que la tenían, y creo que eso me desanimaba y deprimía aún más; quizás por eso no volví. Algún año se me ha pasado la fecha concreta del 23 de agosto, pero ni siquiera necesito que llegue este día para recordarle. Raúl siempre estará en mi memoria y en mi corazón. Descansa en paz.

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Soy una persona cuyo grado de extroversión ha mejorado mucho a lo lergo de los años, y me considero bastante sociable. Sin embargo, sigo teniendo mucha vida interior y no soy muy dado a manifestar mis sentimientos abiertamente. Por eso, abro este blog como medio para expresarme de manera completamente libre, sin ataduras ni temores.

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